ACTA DEL CONGRESO

Acta del Congreso de los Diputados, 20 de enero de 1932.

El Sr. PRESIDENTE: EL Sr. Fernández Egocheaga tiene la palabra.

El Sr. FERNÁNDEZ EGOCHEAGA: Como sabe el Sr. Ministro de la Gobernación, hace aproximadamente cuatro meses que se produjeron en el pueblo de Gilena, de a provincia de Sevilla, unos trágicos sucesos, como consecuencia de los cuales murieron el Comandante del puesto de la Guardia Civil de Aguadulce y cinco trabajadores. Se trata de unos sucesos que fatalmente tenían que ocurrir, debido, a mi juicio, a la falta de celo del comandante del puesto de la Guardia Civil de Gilena, que en diversas ocasiones había hecho público que estaba dispuesto a terminar con la organización obrera del pueblo, afecta a la Unión General de Trabajadores. Se creó, paralela a esta organización de la Unión General de Trabajadores, otra organización amarilla, patrocinada por la clase patronal, que, representada por los eternos caciques de aquel pueblo, obligaba a los obreros, para darles trabajo, aprovechando el angustioso momento de crisis que se atravesaba, a que se afiliasen a la nueva organización que apoyaban los caciques, negando terminantemente trabajo a los obreros afiliados a la Unión General. Como Diputado por Sevilla, en unión de mis otros compañeros de diputación, visitamos en repetidas ocasiones al señor gobernador para denunciarle estos hechos y pedirle que interviniera cerca de aquella autoridad, a fin de que el trabajo se diera por igual para todos, por medición de la Bolsa de Trabajo Municipal, y no sólo no conseguimos esto, sino que, además, el comandante del puesto de la Guardia Civil de Gilena se puso en relación con fuerzas de pueblos limítrofes, y cuando los obreros de la Unión General se dirigían al campo en busca de aquellos otros que subrepticiamente habían obtenido trabajo, fueron detenidos a la salida del pueblo en número de cincuenta y cacheados, sin que se encontraran ni una sola arma ninguno de los trabajadores. Llegaron al tajo, a unos kilómetros de distancia de Gilena. Y allí se encontraron con la fuerza pública del pueblo de Aguadulce, que hizo con ellos la misma operación, es decir, los cacheó, y dos parejas de la Guardia Civil condujeron detenidos, en fila, a un pelotón de 60 ó 70 trabajadores. Se cometió entonces la imprudencia de conducir a los obreros, no por la calle que directamente los llevaba a la cárcel -calle amplia para poder transitar por ella-, sino por una especia de callejón, precisamente donde está enclavado el Centro obrero. Esta calle fue la que se escogió para pasear a una gran parte de los asociados de dicho Centro, que eran los detenidos. Como tenía que ocurrir en casos como éste, al pasar los detenidos frente al Centro Obrero, numerosos grupos de mujeres protestaron enérgicamente de esta detención y se dirigieron a los demás trabajadores pidiéndoles que no permitieran, bajo ningún pretexto,. Que llevarán a la cárcel a estos individuos, y entonces, uno de los obreros, cuyo nombre seguramente no se conoce a estas horas, se abalanzó sobre el comandante del puesto de la Guardia Civil de Aguadulce y, con su propio fusil, hizo un disparo, matándole. En el mismo momento empezó a disparar la Guardia Civil de Gilena, que estaba estratégicamente colocada, como si esperara que llegase aquella ocasión u otra parecida, y produjo la muerte a cinco obreros, heridas a 40 ó 50 trabajadores y llevó a cabo la detención de 80 individuos afiliados a nuestra organización. Yo tengo que aprovechar este momento para agradecer al Sr. Presidente del Consejo de Ministros y al Sr. Ministro de la Gobernación su intervención para que fueran liberados 75 de los 80 presos que se detuvieron entonces; pero, además de estas detenciones, se procedió a clausurar el Centro obrero y con él la casa y bar del conserje del mismo, que está en el entresuelo de la finca, y tanto el Centro como el establecimiento llevan clausurados cuatro meses. Yo he requerido al señor Gobernador civil de Sevilla en diversas ocasiones y me ha contestado que la apertura de este centro era una cosa inmediata. Ésto hace tres meses, hace dos y hace uno, y, sin embargo, la Casa del Pueblo de Gilena sigue clausurada. Yo no sé si el Gobernador civil de Sevilla está dispuesto a abrir aquella Casa; me parece -y quiero aprovechar esta ocasión para decírselo al Sr. Ministro de Gobernación- que el Gobernador civil de Sevilla no tiene, en esta clase de incidentes de carácter social, aquella discreción y aquella ecuanimidad que son indispensables cuando se está al frente de un Gobierno civil de la importancia del de Sevilla. Y digo esto por un hecho, nada más por un hecho, que es, a mí juicio, trascendental, y es el de que como a consecuencia de los sucesos de Gilena y como en una de las refriegas murió un guardia civil, el señor Gobernador civil abrió una suscripción a favor de la familia de aquél; en cambio no se preocupó ni poco ni mucho de los cinco obreros que también murieron en las calles de Gilena. (El señor Sediles: como tampoco se han preocupado ahora de los de Arnedo.) Y como no se ha preocupado de esta cuestión y como, además, se trata de un hecho, a mi juicio, insólito, quiero declarar aquí que creo los gobernadores civiles deben ser neutrales, absolutamente neutrales, en esta clase de contiendas . (un Sr. Diputado: Neutrales y de todos los partidos-Un Sr. Diputado: de ningún partido.) y si cae un Guardia Civil en una refriega no es necesario que se le homenajee, ni que muchísimo menos parta del señor Gobernador civil la iniciativa de una suscripción para premiar a la viuda y los huérfanos. Es un hecho muy lamentable que haya viuda y huérfanos, pero el Poder público está obligado a darles una pensión, a mantenerlos, a sostenerlos, a hacer por ellos todo lo que tenga por conveniente; pero de ninguna manera abrís suscripciones para aquellos que han muerto en el cumplimiento de su deber. En su consecuencia, yo ruego al Sr. Ministro de la Gobernación que haga todo lo que esté en su alcance para conseguir la apertura del Centro Obrero de Gilena y, desde luego, el bar que está enclavado en su planta baja, porque pertenece a un padre de familia que tiene 11 hijos y que tiene también derecho a vivir y sostener a los suyos.

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