Tras pasar a máquina el manuscrito de mi abuelo y conociendo por otros muchos testimonios las penurias de la posguerra, redacté este poema intentando describir lo más fidedignamente posible la cruda realidad de aquellos tiempos. En este caso, la realidad se llama hambre, y a través de los recuerdos transmitidos, así lo sentí, y así lo escribí.
AQUELLOS HOMBRES DE ANTES
Jornaleros vestidos con sudario.
Exprimidos por el sol y sin escuela.
De pan negro y entierritos a diario.
De cinturones de pleita.
De aceitunas en salmuera.
Trabajadores de una tierra, de hombres
que no poseerán, ni la que su cuerpo cubra.
Ilusos embriagados de la nada,
que habrán de saciar con viento
sus cien mil hambres atrasadas.
Hombres libres, presos del hambre y del miedo.
Libres para escoger entre miseria y miseria.
Enclenques de sonrisa seria,
fornidos como corderos.
Adosados al callo y a la postilla.
Uncidos por los yugos del tiempo.
Calados de agua hasta las rodillas,
y hartos de vivir sedientos.
Mercedes Jurado Chía









